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Guillermo Cabrera Infante: La Habana para un infante difunto
El semen es uno de los elementos de la pornografía que relacionan al sexo con el mal y lo monstruoso. Quizás sea la exposición de un fluido que debe estar dentro del cuerpo, que nunca debe aparecer fuera de la carne. Es como la exposición de la sangre: si ella aparece a la vista de todos es porque algo horrible ha sucedido. En el caso del semen, esa muestra de algo íntimo, de algo que no debe estar expuesto, genera las sensaciones más contradictorias del mundo. Por un lado, su presencia denota, como el punto final en un párrafo, la culminación de una actividad, el sello de una despedida que se supone gozosa. Por otro, el semen es, a la vez, exceso de vida al ser abundante y generoso, y señal de muerte al formar parte de algo que los hombres llevan dentro de su cuerpo al igual que las vísceras. Por eso, por la contradicción de vida y muerte, de goce y vicio, la pornografía golpea al espectador, por eso es un arte que siempre subvierte el orden de la sociedad.

Antes se decía que la pornografía era mala porque generaba malos pensamientos y perversiones extrañas. Hoy se piensa lo mismo, y se afirma que quien no tenga dos dedos de frente ?o veintiún años de edad? debe exponerse a lo pornográfico. Lo peor es que los malos pensamientos vienen sin importar si se ven escenas sexuales o no... El sexo nunca es malo en sí. Lo malo radica en creer que es tan fácil como aparece en la pornografía. Y es que esa ?facilidad? tiene menos que ver con el desempeño sexual (ya complejo de por sí) que con el acto siempre peligroso de relacionarnos con el prójimo.

La pornografía es, casi siempre, una religión para solitarios, para ociosos que deciden alquilar una porno o llamar a una ?línea caliente? en lugar de tomarse el trabajo de salir con alguien, conversar, generar las empatías necesarias y tener sexo con vino, responsabilidad, condón y de más. Conste que ese trabajo hay que tomárselo hasta para conseguir prostitutas... Quizás ése sea uno de los verdaderos daños que produce la pornografía: el convertirnos en solitarios observadores del riesgo y de la felicidad de otros. Ante eso, la visión de una polla erecta o de un panoche húmedo es una tontería.

...?Escucha, nena...
?¡Que te den por culo!
?Escucha, nena, contempla...

Entonces sacó el gran martillo... Era púrpura, descapullado, infernal, y basculaba de un lado a otro como el péndulo de un gran reloj. Gotas de semen lubricante cayeron al suelo.

Rocío de Miel no pudo apartar sus ojos de tal instrumento. Después de un rato dijo:
?¡No me vas a meter esa condenada cosa dentro!
?Dilo como si de verdad lo sintieras, Rocío de Miel.
?¡NO VAS A METERME ESA CONDENADA COSA DENTRO!
?¿Pero por qué? ¿Por qué? ¡Mírala!
?¡La estoy mirando!
?¿Pero por qué no la deseas?
?Porque estoy enamorada del Niño.
?¿Amor? ?dijo Big Bart riéndose?. ¿Amor? ¡Eso es un cuento para idiotas! ¡Mira esta condenada estaca! ¡Puede matar de amor a cualquier hora!...


Charles Bukowski: Deje de mirarme las tetas, señor; Se busca una mujer
Hace años un grupo de mujeres protestó porque les atrajo, como bandera feminista, la idea de que la pornografía era un producto de la cultura en el que se explotaba a la mujer. Si bien es cierto que hay de todo en la viña del Señor (y más si es malo), y hubo, hay y habrá explotadores, también es cierto que en el mundo de la pornografía se adora, se idolatra, se venera a la mujer. ¿Cómo no hacerlo si todos quieren rendirse ante sus cuerpos desnudos, ante sus escondrijos olorosos a biología? En casi todo evento pornográfico la figura femenina es la que lleva las riendas de la situación sexual; es la que se abre, la que se cierra, la que dispone y la que genera, a fin de cuentas, el interés hacia el producto pornográfico. No es casual que el estrellato de las actrices sea más duradero y más contundente que el de los actores porno. Ellas, con sus jadeos de mentira, con su desparpajo sobreactuado, su voluntario-voluntarísimo proceder y su jerarquía de supermujeres le están diciendo al mundo que les encanta follar, y que no hay nada en este mundo que se los impida. A los hombres sólo les queda un par de opciones: decirle a todos sus amigos que ellos son los que dominan a su pareja durante la relación sexual y ver a Traci Lords, Savannah, Mimi Miyage, Minka, Jeena Jameson, Asia Carrera, Danni Ashe, Linda Lovelace, Moana Pozzi, Cicciolina o Chessie Moore (por sólo nombrar a unas cuantas putas famosas) fornicando en la pantalla como unas salvajes... Quizás en esas conversaciones quede espacio para rendirle homenaje a Ron Jeremy, John Holmes y Rocco Sifredi por haberle clavado su cuchillo a todas las actrices anteriores...

La pornografía es un reino infinito que a cada momento está a punto de desbordarse de su espacio de ficción para llenar la realidad con su vicio de fantasía. De hecho, el sexo sin ese impulso de imaginación, de perversidad, de vocación artística, puede convertirse en algo mecánico y hasta aburrido. De ahí el eterno éxito de la industria pornográfica. Algunos piensan que en ella se encuentra un respaldo para esa imaginación que no hay que perder y que hay que refrescar siempre. Por eso en los anaqueles de los clubes de video nunca falta uno reservado para la pornografía, y lo mismo sucede en los catálogos de las grandes casas editoriales del mundo, en las ofertas de la televisión por cable y en algunos horarios de la tele abierta. Necesitamos vivir nuestras fantasías sexuales y por eso cada día abren ?con hermosas letras de neón rojas? más sex live shows y más tiendas donde venden condones de todos los colores, formas y sabores, artefactos para la estimulación, dildos, vibradores, máscaras de cuero, látigos, cadenas, lencería y muñecas inflables que son tan voluptuosas, tan prestas a dar y recibir placer como nos imaginamos que hacen los seres que pueblan nuestros sueños húmedos. Hay pornografía y se ofrece pornografía porque cada persona y cada hogar necesita algo, aunque sea una pizca, de ella para sobrellevar el peso de la vida aburrida que nos rodea.

Caracas, 9 de abril de 2003
Roberto Echeto 10/4/2003
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"El arte por el arte es lo único que dignifica al hombre artista"
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