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Caperucita y su abuela no mueren realmente sino que vuelven a nacer. Si se quisiera encontrar un tema central para la gran variedad de cuentos, sería probablemente el de renacer en un plano superior. Los niños (y también los adultos) deben ser capaces de creer que se puede llegar a una forma superior de existencia, superando los pasos que se requieren para este desarrollo. Los cuentos que afirman que esto no sólo es posible, sino además probable, atraen poderosamente la atención de los niños, porque combaten el miedo a perder demasiadas cosas durante ese proceso. Por esta razón en ?Los dos hermanitos? no se pierden el uno al otro después de su transformación, sino que viven mejor sin separarse. Caperucita Roja es más feliz después de su salvación y Hansel y Gretel son más ricos cuando vuelven a casa.

Actualmente, muchos adultos tienden a tomar al pie de la letra lo que se dice en los cuentos; mientras que debe considerarse como representaciones simbólicas de experiencias decisivas en la vida. El niño lo capta por intuición, aunque no lo ?sabe? explícitamente. La confianza que un adulto le proporciona a un niño al contarle que Caperucita no muere realmente cuando el lobo la devora, es experimentada por el pequeño como una simple manera de decirlo. Es lo mismo que si a una persona se le cuenta que cuando la ballena se come a Jonás en el episodio bíblico, éste no es ?realmente? su final. Todos los que escuchan la historia saben por intuición que Jonás está en el vientre de la ballena con un objetivo, el de volver a la vida siendo mejor que antes.

El niño intuye que, cuando el lobo se come a Caperucita ?al igual que sucede con otros héroes que mueren de diversas maneras-, no se ha llegado, en absoluto, al final de la historia, sino a una de sus partes vitales. El niño comprende también que Caperucita ?murió? realmente en cuanto niña que se permitió ser seducida por el lobo: y cuando la historia dice ?la niña saltó fuera? del vientre del lobo, volvió a la vida como una persona diferente. Este mecanismo es necesario porque, aunque el niño pueda comprender que una cosa sea sustituida por otra (la madre buena por la madrastra malvada), todavía es incapaz de entender las transformaciones internas. Por eso, uno de los valores principales de los cuentos de hadas se encuentra en el hecho de que, al escucharlos, el niño llega a creer que tales transformaciones son posibles.

Cuando la mente consciente e inconsciente de un niño se introduce profundamente en la historia, éste comprende que lo que significa el hecho de que el lobo se coma a Caperucita y a la abuela es que, después de lo que pasó, ambas se habían perdido temporalmente en el mundo, habían perdido su capacidad para ponerse en contacto con la realidad y para influir en lo que en ella sucede. Así pues, alguien procedente del exterior debía acudir en su ayuda; y si se trata de una madre y una hija, ¿quién mejor que el padre?

Cuando Caperucita se dejó seducir por el lobo para actuar de acuerdo con el principio del placer en lugar de guiarse por el principio de la realidad, retrocedió, implícitamente, a una forma de existencia anterior, primitiva. Este retroceso a un nivel anterior se exagera, a la manera de los cuentos, al representarlo como la vuelta a la existencia prenatal en el útero, puesto que así es como el niño imagina las cosas.
Pero ¿por qué la abuela debe experimentar el mismo fin que la niña? ¿Por qué ?mueren? ambas y se reducen a un estado inferior de existencia? Este detalle está en consonancia con lo que el niño cree que la muerte significa, es decir, que ya no se puede disponer de una persona, que ésta ya no sirve para nada. Los abuelos deben ser útiles al niño, tienen que protegerlo, enseñarlo, alimentarlo; si no, se reducen, entonces, a una inferior de existencia. La abuela sufre el mismo fin que Caperucita porque tampoco es capaz de enfrentarse al lobo (Cool.

En el cuento queda muy claro que ni la abuela ni la niña han muerto después de ser devoradas. Esto se pone de manifiesto en el comportamiento de Caperucita al ser liberada. ?La niña salió gritando: Ah, qué miedo he pasado; ¡Qué oscuro estaba en la barriga del lobo!? El hecho de haber pasado miedo significa que se ha estado vivo, bien lejos de la muerte, aun cuando ya no se piense ni se sienta nada. Caperucita tenía miedo de la oscuridad porque, debido a su mal comportamiento, había perdido la conciencia superior que la había guiado por el mundo hasta entonces. También el niño que sabe que se ha portado mal, ya no se siente protegido por sus padres, siente la oscuridad de la noche que se cierne sobre él.
No sólo en ?Caperucita Roja? sino a lo largo de toda la literatura de los cuentos de hadas, la muerte del héroe ?distinta de la muerte a una edad avanzada después de vivir satisfactoriamente- simboliza su fracaso. La muerte del que no ha conseguido algo ?por ejemplo, de los que intentaron llegar hasta la Bella Durmiente y perecieron en los espinos- es un símbolo de que esa persona no está madura todavía para llevar a cabo la empresa exigida que sin pensarlo (prematuramente) intentó realizar. Dichas personas deben sufrir experiencias posteriores que les den los medios para poder triunfar. Los predecesores del héroe que mueren en los cuentos de hadas no son más que las encarnaciones anteriores e inmaduras del propio héroe.

Tras sentirse protegida en la oscuridad interna (dentro del lobo), Caperucita está preparada para apreciar una nueva luz, una mayor comprensión de las experiencias emocionales, que debe dominar y las que tiene que evitar porque la perturban. A través de las historias del tipo de ?Caperucita Roja?, el niño empieza a entender ?por lo menos a nivel preconsciente- que sólo las experiencias que nos perturban originan en nosotros sentimientos internos correspondientes, contra los que nada podemos hacer. Una vez que los hayamos dominado, no tendremos por qué temer el encuentro con el lobo.

Esto se reafirma en la frase final del cuento, en la que no se dice que Caperucita no correrá nunca jamás el riesgo de toparse de nuevo con el lobo, o de ir sola por el bosque. Por el contrario, el final es una advertencia implícita para el niño de que la huida de toda situación problemática no es una solución. El cuento termina con estas palabras: ?Caperucita Roja pensó: No volveré a desobedecer a mi madre y no saldré del camino cuando vaya sola por el bosque.? Con este diálogo interno, apoyado en una experiencia de lo más decepcionante, el encuentro de Caperucita Roja con su propia sexualidad tendrá un resultado muy distinto cuando esté preparada para ello, es decir, en el momento en que su madre lo apruebe.
La niña necesitaba temporalmente desviarse del camino recto, desafiando a su madre y al superyo para alcanzar un estado superior de organización de la personalidad. Su experiencia la convence de los peligros que comporta el dejarse llevar por los deseos edípicos. Aprende que es mucho mejor no rebelarse contra la madre y no intentar seducir o permitir que la seduzcan los aspectos todavía peligrosos de un hombre. Es mucho mejor, a pesar de los sentimientos ambivalentes que uno experimenta, depender de la protección que el padre proporciona cuando no se le ve bajo el aspecto de seductor. Caperucita ha aprendido que en su superyo tiene que internalizar las figuras paterna y materna y sus valores, a la manera de los adultos, para llegar a ser capaz de enfrentarse a los peligros de la vida.

En la actualidad encontramos muchos equivalentes de ?Caperucita Roja?. Cuando se comparan los cuentos de hadas con gran parte de la literatura infantil del momento, la profundidad de los primeros salta a la vista. David Riesman, por ejemplo, compara ?Caperucita Roja? con una historia moderna para niños: Tootle, la locomotora, un Little Golden Book que hace veinte años se vendió por millones. En este cuento, una locomotora, descrita antropomórficamente, va a la escuela de locomotoras para convertirse en tren aerodinámico. Al igual que en el caso de Caperucita, a Tootle le han dicho también que no debe apartarse de las vías. Pero también ella tiene la tentación de hacerlo, porque a la pequeña locomotora le encanta jugar entre las flores de los campos. Para impedir que Tootle se mueva de las vías, la gente de la ciudad se reúne y traza un plan inteligente en el que todos participan. Cuando Tootle se desvía de nuevo, una bandera roja la detiene donde quiera que vaya, hasta que, finalmente, promete no apartarse de su camino nunca más. En la actualidad, podríamos ver esta historia como un ejemplo de modificación de la conducta mediante estímulos adversos, las banderas rojas. Tootle se porta bien y la historia termina cuando he encarrilado su camino y se dispone, de verdad, a convertirse en un gran tren aerodinámico. Tootle parece ser, en esencia, un cuento admonitorio en el que se aconseja al niño que permanezca en el estrecho camino de la virtud. Pero qué superficial resulta si se compara con un cuento de hadas.

?Caperucita Roja? habla de pasiones humanas, de voracidad oral y de deseos agresivos y sexuales en la pubertad. Opone la oralidad controlada del niño maduro (la comida agradable que lleva a la abuela) a su forma más primitiva (el lobo que devora a la abuela y a la niña). Gracias a la violencia, incluyendo la que salva a las dos mujeres y destruye al lobo cortándole la barriga y poniéndole después piedras en su interior, el cuento no muestra el mundo color de rosa. La historia termina cuando todos los personajes ?niña, madre, abuela, cazador y lobo- ?hacen lo que les corresponde?; el lobo intenta escapar y muere, después de lo cual el cazador le saca la piel y se la lleva a casa; la abuela se come lo que Caperucita le ha traído; y la niña aprende la lección. No hay conspiración alguna por parte de los adultos que obligue al héroe del cuento a enmendar sus acciones como lo exige la sociedad, proceso que niega el valor de la guía interna. Lejos de que otros lo hagan por ella, la experiencia de Caperucita la lleva a cambiar, puesto que promete ?no saldré del camino cuando vaya sola por el bosque.?

El cuento de hadas resulta ser mucho más fiel a la realidad de la vida y a nuestras experiencias internas cuando se compara con la historia de Tootle, que usa elementos reales para completar el relato: trenes que van por la vía, banderas rojas que los detienen. Los aderezos son reales, pero todo lo esencial es completamente irreal, puesto que la población entera de una ciudad no deja lo que está haciendo para ayudar a un niño a enmendar su camino. Tampoco podemos decir que haya peligro real alguno que amenace la existencia de Tootle, Si, es cierto que se ayuda a Tootle a encarrilar su futuro, pero todo lo que implica esta experiencia es convertirse en un tren más grande y más rápido, es decir, en un adulto que, desde el punto de vista externo, tenga más éxito y sea más eficiente. Aquí no hay reconocimiento alguno de las ansiedades internas ni de los peligros que atentan contra nuestra existencia. Citando a Riesman, ?no se manifiesta el miedo de Caperucita Roja? que ha sido sustituido por ?un engaño que los ciudadanos traman en beneficio de Tootle.? En ningún pasaje de la historia de Tootle encontramos una externalización de los procesos internos y de los problemas emocionales típicos del crecimiento, de manera que el niño pueda enfrentarse a los primeros y así resolver los segundos.
Podemos creer perfectamente el final de la historia de Tootle, cuando se nos dice que ha olvidado incluso que alguna vez le gustaron las flores. Nadie con un mínimo de imaginación puede pensar que Caperucita olvidara algún día su encuentro con el lobo, o que dejara de disfrutar con las flores y con la belleza del mundo. La historia de Tootle no crea convicción alguna en la mente del oyente y, por ello, tiene que insistir en su moraleja y predecir el futuro: la locomotora no se apartará de las vías y se convertirá en un tren aerodinámico. No hay iniciativa ni libertad en esta decisión.

El cuento importa la fuerza de su mensaje; así pues, no tiene ninguna necesidad de fijar al héroe en un determinado modo de vida. No se tiene por qué decir lo que Caperucita va a hacer ni cuál será su futuro. Gracias a su experiencia, esto podrá decidirlo ella sola. Todo aquel que escucha el relato adquiere la sabiduría acerca de la vida y de los peligros que sus deseos pueden acarrear.

Caperucita Roja perdió su inocencia infantil al encontrarse con los peligros que residían en sí misma y en el mundo, y los cambió por la sabiduría que tan sólo posee el que ha ?nacido dos veces?; el que no sólo domina una crisis existencial sino que también es conciente de que fue su propia naturaleza la que le impulsó a ella. La inocencia de Caperucita Roja muere cuando el lobo se manifiesta como tal y la devora. Cuando sale de la barriga del lobo, vuelve a nacer en un plano superior de existencia; al relacionarse positivamente con sus padres, ya no es una niña y vuelve a la vida convertida en una adolescente.
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"El arte por el arte es lo único que dignifica al hombre artista"
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