Emily Dickinson
REPETIR EN NOSOTROS RENOVADOS DELEITES...
Repetir en nosotros
Renovados deleites
Es como un asesinato
Omnipotente, agudo.
No soltamos el puñal
Porque amamos la herida,
Ese puñal conmemora
Memorias que nos van matando.
NINGÚN CEPO PUEDE TORTURAR MI ALMA EN LIBERTAD...
Ningún cepo puede torturar
Mi alma en libertad,
Pues detrás de este esqueleto mortal
Se teje uno de más valor.
No puedes horadar con un serrucho
Ni transpasar con una cimitarra
Dos cuerpos, por lo tanto perdura,
Amarra uno y el otro vuela libre.
El águila no se despoja
De su nido y, sin embargo,
Gana en cielo
Más fácilmente que tú.
Excepto tú mismo, tal vez nadie pueda ser
Tu enemigo,
Cautividad es conciencia
Y también es libertad.
HAY UNA LANGUIDEZ DE LA VIDA...
Hay una languidez de la vida
Más inminente que la pena,
Es sucesora de la pena
Cuando el alma ha sufrido
Todo lo que puede.
Una somnolencia difusa,
Un ofuscamiento como neblina
Envuelve tu conciencia
Una neblina que conduce a un despeñadero.
El cirujano no se inmuta ante el dolor,
Su hábito es severo,
Pero él sabe que ha cesado de sentir
La criatura que yace ahí.
Y te dirá que la técnica tardó,
Que alguien más poderoso que él
Ha oficiado antes
Y ya no hay vitalidad.
CUÁNTAS VECES ESTOS CANSADOS PIES HAN PODIDO TROPEZAR...
Cuántas veces estos cansados pies han podido tropezar,
Solo mi amordazada boca puede decirlo,
Ensaya, trata de mover este horrible remache,
Ensaya, levanta su puedes aldabas de acero.
Acaricia la fría frente, antes ardiente,
Levanta, si quieres, el deslucido cabello,
Palpa los adamantinos dedos
Que ya nunca usarán dedal.
PORQUE YO NO PODÍA DETENER LA MUERTE...
Porque yo no podía detener la muerte,
Bondadosa se detuvo ante mí
En el carruaje cabíamos sólo nosotras
Y la inmortalidad.
Lentamente avanzamos, sin apuro,
Yo puse de lado
Mi labor y mi ocio
Por cortesía hacia ellas.
Pasamos por la escuela, donde jugaban
En el recreo del patio los niños.
Pasamos por los serenos pastos del campo,
Pasamos por la puesta de sol.
O, más bien, él nos pasó,
El rocío caía trémulo y frío,
Y sólo de gasa era mi vestido
Mi esclavina, sólo de tul.
Nos detuvimos ante una casa que parecía
Una protuberancia de la tierra,
El techo apenas visible,
La cornisa casi en el suelo.
Desde entonces siglos pasaron, y aún
Me parece más corto que aquel día
En que por vez primera intuí
Que las cabezas de los caballos
Apuntaban a la eternidad.
__________________
"El arte por el arte es lo único que dignifica al hombre artista"
|