Hola colegas... ahora les traigo tema caliente... el erotismo, y pues simplemente escogí unos cuantos poemas eróticos de la red y los pongo a vuestra disposición....
"PROVOCA"
por Frank Otero Luque (Perú)
Me provoca
escalar desde tus muslos
hasta la cumbre
del Monte de Venus,
perderme en la espesura
del Mato Grosso
y adivinar el fuego
del espeleo,
que,
paradójicamente,
se enciende humedecido.
Me provoca,
como rollo de pianola,
ser jalado
por cada estalagmita tuya,
por esos dientes mágicos
que saben arrancarme
la compleja sinfonía
de sonidos primitivos.
Me provoca
esquiar tus senos,
cuesto abajo en la física,
cuesta arriba en el placer,
y, finalmente,
en un salto mortal,
cual trofeo
de final de campeonato.
atrapar entre mis dientes
un rozagante pezón.
Es que me provoca
que cabalgues mis sentidos
y otros cinco más.
Y en caída libre,
cual gaviota,
que el mar se precipite
y nos inunde.
Me provoca
que te provoque provocarme.
¿Te provoca?
"La Juana"
por Frank Otero Luque (Perú)
Te sorprendí por detrás mientras lavabas,
rodeando con mis manos tu cintura,
moldeando con mi cuerpo tu figura,
y tú... tú te dejabas.
Empecé mordiéndote un arete
y el pallar de tu oreja izquierda;
y tú, como nave al garete,
incapaz de mandarme a la mierda.
Tu cuello rozaban mis labios,
poniéndote la piel de gallina.
Excitábame tu olor a cocina:
humor a ajo, grajo y resabios.
Te desaté el mandil
y, bajo la pechera,
redescubrí el altar de tus pezones:
dos poderosas razones,
mujer servil y ¡vaca lechera!
Te remangaste para mí el uniforme,
pero el calzón te lo bajé yo;
separaste las piernas,
resignada y conforme,
y un leve quejido se oyó.
Y mis embates, uno a uno,
recibías contra el fregadero.
"¡Qué neño tan majadero!",
me decías;
!Ay, mi cholaza de Puno!
La cocina fue inundada,
no sé con qué agua bendita,
y la enagua te quedó empapada
toditita.
Hasta que, un "buen" día,
la Juana anunció
que un bebé tendría.
A mi madre se lo dijo
y ella me interrogó;
la vergüenza me sonrojó,
pero no acepté el hijo.
Porque esta Juana era tremenda
y se metía con cualquiera;
además, no estaba en mi agenda
casarme con la primera.
"Neño Francisco de mé ha abosado
e tingo on testego ocolar",
al vecino mandó llamar
y el vecino la ha apoyado.
¡Ay, Juana, ya me jodiste!,
¡Ay, Juana, con tus tretas!
Valiéndote de tus tetas,
¡por detrás me sorprendiste!
CAMPO DE BATALLA
(Rafael Alberti)
Nace en las ingles un calor callado,
como un rumor de espuma silencioso.
Su dura mimbre el tulipán precioso
dobla sin agua, vivo y agotado.
Crece en la sangre un desasosegado,
urgente pensamiento belicoso.
La exhausta flor perdida en su reposo
rompe su sueño en la raíz mojado.
Salta la tierra y de su entraña pierde
savia, veneno y alameda verde.
Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.
La vida hiende vida en plena vida.
Y aunque la muerte gane la partida,
todo es un campo alegre de batalla.
EDEN DE LOS EDENES
(Miguel Rash-Isla)
En la grata penumbra de la alcoba
todo, indecisamente sumergido
y ella, desmelenada en el mullido
y perfumado lecho de caoba;
tembló mi carne enfebrecida y loba,
y arrobeme a su cuerpo repulido
como un jazminero florecido
una alimaña pérfida se arroba;
besé con beso deleitoso y sabio
su palpitante desnudez de luna
y en insaciada exploración, mi labio
bajó al umbroso edén de los edenes
mientras sus piernas me formaban una
corona de impudor sobre las sienes...
PIEDRA DE HORNO
(Nicolás Guillén)
La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando –no sé, me lo imagino-, gimiendo
-no sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo, creo;
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
desciende de tu pelo,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.